BÁRCENAS

En febrero de 2013 leía estupefacto que Montes Neiro, tristemente famoso por haber sido el preso común más antiguo de España, era detenido por su supuesta implicación en el robo de unas joyas.

Por aquel entonces, desmotivado por la sentencia que exculpaba a Francisco Camps, descreído al comprobar que Jaume Matas seguía campando a sus anchas y sorprendido por lo bien que juega Carlos Fabra a la lotería; estaba seguro de que desgraciadamente Bárcenas nunca pisaría la cárcel.

Se me ocurrió un título (Montes Neiro. La pena de no llamarse Bárcenas) y llamé a un par de buenos amigos (y mejores profesionales) por si querían hacer una pequeña publicación satírica que sirviese de recuerdo de la triste situación por la que atraviesa la condición humana en España.

Finalmente por razones obvias no llegamos a imprimir la pequeña publicación, aún así, pensamos que es interesante sacar su contenido a la luz de las pantallas. Si «presuntamente» cambiásemos la palabra Bárcenas por —recuerdo que he dicho presuntamente—, Rodrigo Rato, Santiago Calatrava, Urdangarín, Rajoy o un largo etc.; el texto seguiría siendo válido.

Por una vez, esta historia parece tener «final feliz», lo podéis comprobar en los dos anexos que dejo al final del texto de  José Aguado Maestre.

 

Montes Neiro.
La pena de no llamarse
BÁRCENAS.

 

Ilustración de José Manuel Hortelano (Pi)
Texto de José Aguado Maestre

Delitos de sangre. Repito, delitos de sangre. Es una expresión que todo el mundo ha utilizado alguna vez tras oírla en la prensa, la radio, la televisión o la tertulia del bar. Delitos de sangre. Suena fuerte, con garra, parece el nombre de una gran novela o un poema de los que marcan a toda una generación. Delitos de sangre es también una unidad de medida con la que se determina si uno es malo o malísimo y si merece el perdón de Dios, la Justicia o de algún otro tipo.

La espesa selva de las leyes no permite al ciudadano de a pie hacerse una idea de cuánto tiempo debe pasar un delincuente en la cárcel, si es que la llega a pisar. ¿Qué pena me puede caer por un atraco? ¿Dos, tres años a lo sumo? La dureza de las leyes franquistas y tardofranquistas (1) alimentó las penas a todas luces desproporcionadas de los delincuentes comunes, traficantes y atracadores, casi siempre ambas cosas a la vez; que sumaban años y años a sus penas principalmente por intentar huir de cárceles que no tenían nada que envidiar a las que ahora vemos en países sudamericanos y nos sirven para pensar que qué bien, lo que hemos avanzado en calidad de vida hasta para quienes no lo merecen. En esas se las vieron gente célebre como El Lute, toda la cuadrilla de ladronzuelos con nombre de animal u otros menos conocidos que cumplieron década tras década, como Manuel Pinteño o Miguel Montes Neiro, todos ellos sin delitos de sangre. Parece extraño en una época en la que únicamente se paga con cárcel el haber utilizado una tarjeta de crédito para dar de comer a tus hijos o ser un toxicómano ya rehabilitado. País.

La historia de Montes Neiro está, como todas las biografías del crimen, plagada de contradicciones, medias verdades y, directamente, mentiras. Por supuesto, él y sus más allegados consideran que es inocente de casi todo lo que se le ha imputado a lo largo de los años, y que su mayor delito ha sido querer ser libre, como atestiguan sus numerosos —y en ocasiones exitosos— intentos de fuga. Deserciones del ejército, protoinsumiso según se mire aunque afirme que fue una trampa e implicado en decenas de atracos en los que, al menos en parte, afirma que sirvió solo como cabeza de turco. Creerle o no es harina de otro costal. Lo único claro es que 35 años en la cárcel sin —repitámoslo otra vez— delitos de sangre es, a todas luces, un abuso.

La pena de no llamarse Bárcenas

En el rincón opuesto, en el reverso torcido que te da el espejo cuando está inevitablemente roto, están los GAI, Grandes Apropiadores Indebidos, un título y unas siglas que no existen y que procedemos a inventar sobre la marcha con ánimo de que trasciendan. Se trata, a grandes rasgos de una caterva de imputados, presuntos (2) e inocentes hasta que se demuestre lo contrario o prescriba su delito, lo que ocurra primero. Desayunamos, comemos y cenamos con ellos, los tenemos presentes en nuestras oraciones, sabemos quienes son.

Es de perogrullo decir que siempre ha habido clases, hasta para robar. Bien lo saben quienes arruinan su vida y se juegan la salud por traer un fardo de cocaína en pleno acto de desesperación, por conseguir poco más de lo que deberíamos considerar un sueldo digno. Otros se apuntan al paro —o hacen el amago— y llorar por no poder pagar la hipoteca de su palacio al no tener trabajo después de rechazar una remuneración mensual equivalente a veinte salarios medios por no hacer absolutamente nada. Pobres.

Estos últimos días, Montes Neiro ha vuelto a saber lo que es el frío del calabozo apenas año después de salir de la cárcel, indulto mediante. Después de 36 años en prisión, su implicación, muy lateral, en un atraco millonario le ha llevado de nuevo a vérselas delante de un juez y a pasar por la humillación pública de ser detenido. Ahora suma nuevos cargos a su ya larga lista al participar, supuestamente, como asesor —palabra bien política— del golpe. De nuevo, como en el caso de cualquier convicto que vuelve a la vida común, parece haber sido más culpable su pasado que su presente, aún por demostrar. Pena, pero pena de no tener dinero claro está.

En un país en el que amasar una fortuna de forma ilícita no parece ser un indicio criminal, en el que las pruebas son válidas para cualquiera menos para quien debe dictar sentencia con ellas, en el que un ex convicto no arrepentido puede dar lecciones morales y presentarse a unas elecciones, en el que la impunidad parece medirse con los ceros de una cuenta bancaria secreta; la pena no son los años que te imponga un juez. La gran pena es no llamarse Bárcenas.

 

1 — La Transición se ha demostrado con el paso de los años como una pantomima que permitió que siguiesen mandando los mismos a cambio de dejarnos votar.

2 — Fórmula utilizada para hablar de alguien a todas luces culpable antes de que se celebre su juicio y sin que te denuncie.

 

ANEXO UNO.
Montes Neiro
http://www.publico.es/451118/decretan-libertad-para-montes-neiro-imputado-por-un-robo-de-joyas

ANEXO DOS.
Bárcenas
http://www.elmundo.es/espana/2013/12/26/52bc2a2122601d5e568b4585.html